Raúl Sommariva y su hijo con otro hermoso ejemplar del Río Gallegos

 

Destapar a los peces del agua

 

 

Apenas uno despierta, poco ha descansando... se pierde la noción de todo…, la idea de dormir algunas horas más y ganar vigor, agilidad y reflejos quedan para el próximo sueño. Como colgado de la pared imaginamos el tiempo que falta y no pasa, son tantas vueltas en la cama que la ansiedad te enrosca en las sábanas.

 

La impaciencia mantiene el desvelo, el tiempo se demora como nunca, sin embargo “todo esta bien…” en unos momentos más nos vamos a pescar.

 

La salida es algo maravillosa, así como aparece, desaparece. En el primer giro de rueda llega la sensación de habernos olvidado algo. Es entonces que mentalmente recorremos el interior del vehículo, sin desprendernos del volante, vemos los bolsos, cañas, reels, wader, testeando por última vez todos los bártulos.

 

¡Qué bueno! estamos en viaje, ¿tomamos unos mates?

 

Con la bombilla en la boca recorremos unos cuantos kilómetros, contando y escuchando una variedad de cuentos, anécdotas y/o algún relato de una anterior salida, siempre y cuando ella nos atribuya el “éxito de aquella jornada…”, entre tanto bajamos el vidrio no tan solo para retirar la yerba y cambiarla, sino por renovar el aire de algún imprevisto…

 

Hasta ese momento nada entra en duda, sólo al llegar al río es preciso “pensar” para tomar la decisión del lugar exacto donde el pez puede que este escondido…

 

Pocos se animan a ejercitar la iniciativa, es un momento difícil, sin embargo después de finalizar el día escuchamos de aquellos que no lo hicieron: - ¡qué bien pesque! _, si los peces le tomaron la mosca, o por el contrario si así no fue: -¡no era el lugar que hubiese elegido!-

 

Siempre hay alguien que tarde indica lo que correspondía…

 

Bueno, sin embargo muchas veces no se sabe que hacer con estas “reglas”, pero se intuye y percibe que lo bueno es de otro, lo malo te corresponde…

 

De igual modo vale la pena salir, renovar el aire, reírte, disfrutar, colgando el traje de las apariencias.

 

Vagabundear, pensar y pescar…pasa tan de prisa el día que el hecho energiza el alma, vigoriza los sentidos, el espíritu se ensancha, ahí justo donde la “caña te llena de gloria” sin importarte que no has podido dormir por ir a destapar a los peces del agua…

 

 

 

Raúl Sommariva  -  Junio 2004

sommariva@infovia.com.ar

 

 

 

 

Para contactos con el editor, escriba a: bronislaomech@pesca-fly.com.ar