
El salvaje atractivo del río Quequén incita a pescarlo con
artes de mosca. Foto Broni
Lisas con
Mosca
Su temperamento, como parte indivisible
de la personalidad adquirida en el hogar,
la escuela y después en la calle, lo llevó a
elegir un lugar de la costa que tuviera ciertas características
especiales y que además, fuera adecuado para veranear con su familia y
amistades.
Debía ser una zona que prometiera mucha
serenidad, que estuviera cerca de una ciudad, y que sus habitantes
permanentes y temporarios disfrutaran viviendo mansamente, sin
estridencias.
La imposición no fue
una premisa configurada de antemano, surgió
de manera natural e involuntaria.
Recién
ahora y a pedido para la presente nota se atreve a confesar y describir la vivencia.
La elección recayó en la zona de
Quequén-Necochea. Fue un hecho fortuito, inesperado, casual, como un
accidente o la llegada del amor y surgió por la invitación de una
familia amiga.
La primera vez que visitó la región, la
vista recorrió con asombro la increíble y salvaje belleza solitaria
que rodeaba a las dos ciudades, desconocida por las
grandes mayorías y también
por él.
Los poros de la piel se abrieron queriendo absorber el aire
puro circundante y el hechizo de las olas con la danza perpetua de
movimientos y sonidos lo cautivó. Y decidió quedarse.
Las playas inmensas, los acantilados a
un paso y el horizonte ilimitado. La superficie sólida es una línea
infinita, como la del mar, que se interrumpe por un coloquio de dunas
desnudas que el viento mueve y otras que deciden vestirse para quedar
inmóviles.
Las ondulaciones fijas se perciben
amarillentas, verdes, agrestes y con infinitas pinceladas policromas
de flores silvestres. Las hay con pinos, siempre verdes, tamarindos y
entremezcladas al azar, algunas casitas hechas con amor, esperando con
ansiedad a sus habitantes.
El río Quequén es un extenso río de
llanura con numerosos afluentes, que a veces mansamente y otras con
bravura, atraviesa con decisión los campos sembrados de papa, trigo,
maíz y girasol.

El río es igualmente bello aún
con un caudal superior a la media. Foto Broni
Sus aguas, con perseverancia milenaria, hieren el
suelo con un tajo muy profundo y serpenteante que va ensanchándose
poco a poco y desemboca lentamente en el mar, formando un bellísimo
puerto que lleva su nombre.
Describir el puerto de Quequén y su
entorno llevaría una extensión que excede el propósito del
artículo, sin
embargo, puede señalarse que está diseñado a escala humana y
que todo
pasa cerca del visitante.
Además, reúne dos facetas interesantes
que un observador sensible dificilmente puede ignorar; La
visible convivencia del trabajo con el placer o del esfuerzo y
el ocio.
A sus márgenes, dos pueblos
laboriosos conviven con el flujo interminable de las aguas
del río y comparten
sus caprichos. El protagonista del relato, pescador desde siempre y
ahora mosquero, desarrolla su historia en los intensos parajes
descriptos.
La pesca con elementos tradicionales,
salvo alguna salida esporádica mar adentro o como acompañante de un
pescador amigo en busca del codiciado pejerrey, quedó suspendida en el
tiempo. La pesca con mosca fue un amor a primera vista,
fulminante, que lo hipnotizó. Todo giraba en torno a ella.
Nuestro personaje
suele caminar a solas,
con las manos en los bolsillos
o no, e inclinándose de a ratos para
satisfacer su innata curiosidad
en ciclos breves que difícilmente superan
las 2 o 3 horas.
También le gusta vagar descalzo
por la orilla del mar pisando
la arena recién mojada, que entremezclada con
las formas irregulares de tosca, lo inducen a llevar una caña en la mano, la caja de moscas
y a observar fijamente la
superficie salada en busca de algún indicio.
Un movimiento fugaz, un reflejo, un
borbollón o tal vez un sector semi profundo que presuponga la
existencia transitoria del pez, es suficiente para que Boris, "el
polaco", prepare la caña e intente la obtención del pique.
En el horizonte marino siempre hay
buques anclados esperando completar su carga mezclados con un ir y
venir de barcos de pescadores, lanchas deportivas, veleros,
windsurfistas de velamen colorido, surfistas, lobos
marinos y
espaciadamente, también
suelen exhibirse pingüinos y ballenas.
El mar dejó de tener la
abundancia ictícola de
otros tiempos, los peces son escasos, arrimándose a la costa en ciclos
aleatorios cada vez más espaciados y siempre que las condiciones
climáticas del mar y de superficie lo permita.
Sin embargo, su perseverancia
costera lo fue
premiando con anchoitas españolas, (de pique violento y lucha escasa),
pejerreyes chicos, sauros (anchoas de banco de pequeño tamaño),
palometas, etc.
Siendo las lisas uno de los peces que
más abunda en la zona, sólo una se atrevió a seguir la mosca.
Venía a la misma velocidad, a escasos diez centímetros del anzuelo y con la
boca abierta, desapareciendo como una saeta ante la proximidad de
Boris.
En el puerto, cuando se carga un buque
con pellets, (residuo sólido de las semillas de girasol), las lisas merodean
activamente el área próxima, que obvio, también se llena de
pescadores, siendo imposible, además de temerario, el intento de volar
la mosca. Sucede una situación similar con las salidas de agua de la
usina eléctrica.

Bahía de Quequén.
Pescadores frenéticos ante
un cardumen de pejerrey. Foto Broni
El placer de Boris se complementa con
múltiples excursiones que realiza en el río Quequén, que por lo
general y en época de verano, suele iniciarse a las 17 horas y culmina
cuando el sol resigna esparcir su luz.
Contando las experiencias en rueda de
amigos, mencionaba lo difícil que resulta pescar una lisa con mosca.
Es muchísimo más complicado que con carnada y en especial cuando se
pesca a ciegas, así que invita a que el mosquero poco paciente imagine
el embole que puede ser su intento.
Claro, no sabía ni imaginaba la sorpresa
que le esperaría más adelante.
Recorrió el río Quequén Grande por
varios sectores: La zona de cables, las cascadas, el 24,
el 28, el 43, la zona de La Dulce, puente blanco, olla Pueyrredón, puente
negro e incluso caminó por algunos arroyos tributarios, como el
Pecado ó Pescado Castigado, distante 90 Km. de la ciudad.
Buscaba con insistencia las truchas que
habían sido sembradas y que no tuvo la fortuna de pescar.
Ahora está feliz, supo que a fines del 2001 la Asociación
Necochense de pesca con mosca, formada el 3 de agosto del mismo año,
tiene entre sus proyectos el firme propósito de resembrar el río.

Un sector del arroyo pecado castigado
próximo a la horqueta. Foto Broni.
A falta de pan... el espectáculo
sobresaliente lo protagonizaron los dientudos, que en cantidad y
tamaño cumplían con la danza del pique y la pelea. La caña que
utilizaba era una G. Loomis IMX #3 9' que balanceaba a la perfección
con un reel estupendo y genuinamente Argentino, el STH Airwheigt. Un
equipo potente en relación a la numeración y sumamente divertido.
En las incontables excursiones al río,
según la zona elegida y su distancia con relación al mar, tuvo la
suerte de seducir a pejerreyes pequeños, dientudos, mojarras, una
corvina chica, ¡sí.., una corvina!, anchoitas españolas e incontables
sauros.
Una sola vez, y fueron múltiples los
intentos, una lisa se atrevió a tomar la mosca. Primero
el asombro,
después una lucha relativamente corta, finalmente, cuando parecía que
estaba vencida, mostró su lateral con una media vuelta y moviendo
repentinamente la cola, se desprendió del anzuelo, salpicó a Boris y
se fue.
El tamaño del pez se
aproximaba a los 1,5 Kg. y la
mosca que lo sedujo fue atada en un anzuelo tiemco 400t nº 12, con el cuerpo
curvo recubierto de marabú rojo y el ala del mismo material.

Mosca atada por el
autor, similar a una leech. Foto Broni
La pesca tradicional de la lisa
con medios
deportivos se practica con boyas, a la espera del pique y con el
pescador alejado del pez, para que no note su presencia. Con mosca,
estas condiciones son difíciles de alcanzar, la pesca es activa, con
el pescador moviéndose continuamente y resultando casi imposible
mantener quieta la mosca.
En el río la pesca es a ciegas, con
intentos que preferentemente se realizan al atardecer y con líneas de
flote. Las moscas que comúnmente utiliza Boris son generalmente ninfas
tipo prince o soft hackle con algún toque de color rojo,
sin embargo, la experiencia es insuficiente y aconseja probar con
otras moscas y momentos.
La pesca es
un ensayo personal donde cada uno puede acrecentar las
habilidades propias y no solo copiar la de otros pescadores.

Un atardecer sugestivo,
quieto y silencioso a la
vera del río Quequén. Foto Broni.
Juan Carlos Sarquis, un entusiasta
pescador de mosca y asiduo participantes de las listas de Internet
deslizó el siguiente comentario sobre las lisas:
"La muy maldita casi siempre se
encuentra acardumada, lo que es bueno y malo . Bueno para poder pasar
la mosca al medio del pelotón, y malo porque siempre hay varias líneas
encarnadas con lombriz de los amigos que fueron con vos.
Básicamente hay dos
maneras de tentarlas según si el lugar es con aguas quietas o en
correntada. En aguas quietas generalmente se utiliza una mosca tipo
parachute que trabaja mitad ahogada y la otra mitad a flote.
En correntada
confeccionamos una mosca que parece un pompón rojo de fibras de marabú
o de ostrich, siempre en anzuelos livianos y chicos, ya que los piques
siempre los tenemos entre 5 y 20 centímetros de la superficie".
Nos acercamos al meollo del relato.
Corría el año 1998 y se aproximaba el fin de semana largo de las
fiestas de Pascuas. Amelia, la esposa de Boris, necesitaba respirar
cuatro días de aire marino y sin dudarlo arremetió contra las fuertes
defensas de su marido que se resistía a partir aduciendo un
inconveniente de tipo laboral.
Visto de afuera, el intento de Amelia
parecía imposible. El cuerpo menudo respecto al de su marido, que
disponía de una contextura física de gigante, mirada aguda y firmeza
de carácter, pero....No resulta fácil eludir los artilugios de una
mujer decidida y Boris sucumbió a la insistencia. A último momento se
plegaron sus dos hijas Natalia y Mariana.
Como pescador de alma y a pesar de
realizar una excursión familiar, también cargó, estaba acostumbrado,
con sus dos cañas. Nunca se sabe en qué momento se presenta una
oportunidad de pesca.
El sábado por la tarde, una vez
cumplimentado el rito vacacional con la familia y mientras paseaba
mojándose los pies a orillas del mar acompañado por sus tres mujeres y
Miguel, los convenció para realizar una excursión de paseo-pesca en el
paraje Las Cascadas, Río Quequén.

El estupendo Río Quequén en la
zona de cables de alta tensión. Foto Broni.
Miguel era un joven pretendiente de
Natalia que se plegó al grupo y juntos rumbearon hacia el sitio
elegido. Fueron por el camino de tierra que bordea el río, observando
con admiración el agreste paisaje natural, con inmensos penachos
elevándose entre la espesura y como fondo, las aguas del río
burbujeando en las numerosas cascadas que salpicaban múltiples gotitas
de brillo iridiscente.
Desde el lugar más alto, cerca del
puente, el paraje tiene una belleza natural magnífica y puede
observarse los distintos brazos en los que la tosca, decorada de
vegetación y árboles, divide el río. Estaban sentados en la mesa que
tenía una ubicación preferencial de vista panorámica, saboreando las
facturas que Amelia trajo y el mate amargo que Boris había preparado
con meticulosidad.
La zona cuenta con una estación de
piscicultura y es visitada continuamente por turistas. Esa tarde no
era una excepción.
Observando la rápida inclinación del
sol, los pensamientos se desviaron hacia la poco sabida o sentida
realidad de ser viajeros continuos del universo. Cada veinticuatro
horas acompañamos a nuestro planeta realizando un giro completo sobre
su eje y el sol, las estrellas y
las nubes son el paisaje.
Algunos comenzaron a retirarse y fue la
señal esperada para armar las cañas. Eran dos, la #3, descripta
anteriormente y la protagonista, una caña de 9' para línea #5, también
G Loomis IMX, con líder de nylon de 3 mts y tippet 5X.
La línea era una Advantage illusion de
Masterline, slow sink, WF #6. En castellano: Línea transparente con
corazón de monofilamento de nylon y de hundimiento intermedio o muy
lento. La unión línea/lider
estaba armada con un conector de braided.
Miguel revoleaba por segunda vez un
equipo de mosca y Boris realizaba los lances con la caña 3. No pasaba de ser una
práctica de lanzamiento, el predio estaba todavía con bastante gente y
sólo se prendieron algunos dientudos muy pequeños.
Natalia, que observaba los movimientos
de los dos pescadores quiso intervenir y le pidió la caña a su padre,
empezando con muchísima dificultad a dominar la línea.
El clima era agradable,
no había viento y a medida que el sol quedaba atrás, escondiéndose,
la temperatura comenzaba a disminuir cada vez más rápido,
motivando que en un instante la gente
desapareciera.
Boris tuvo la sensación de que una orden
misteriosa produjo el desbande y que a partir de ese momento el río
quedó para ellos.

Miguel está lanzando en
el lugar que más
tarde elegiría la lisa para tomar. Foto Broni
Estaban parados sobre un paredón que
atraviesa el lecho del río a una altura apenas
superior al
metro, con el agua deslizándose por los laterales y
creando numerosos
arroyitos con sus correspondientes saltos.
De fondo,
se oía el rumor suave del brazo mayor que descendía por el
costado izquierdo. El cauce del río era escaso, normal para la época y
el agua estaba limpia, tomando el color gris-negruzco del fondo.
Boris corregía los lances de cada uno
yendo alternativamente de un lado a otro, deteniéndose un poco más con
Natalia, pues era la primera vez que utilizaba un equipo de mosca y la
3 no ayudaba demasiado.
Miguel efectuaba lances reducidos,
río abajo, superando apenas los 12 mts, dejando derivar un poco y traccionando
después con tironcitos suaves y cortos. Repetía
los movimientos, realizando a veces un Roll, otras el levante y
tendido.
La técnica de pesca
aplicada se denomina "con ninfa", pues ni bien la mosca toca el agua desaparece
de la superficie y se diferencia de la pesca con mosca ahogada, mojada
o húmeda por la estrategia sutil que el pescador le imprime al
artificial para simular una vibración natural.
Para los que le gusta
hilar fino, los intentos siempre se realizaron sin
indicador de pique.
El silencio y las
sombras empezaban a imponerse cuando repentinamente la voz
asustada de Miguel rompió el encanto
reinante y
la emoción se adueñó de todos.
Con la caña totalmente arqueada,
solicitaba ayuda a los gritos, algo se había enganchado en su anzuelo
y no sabía que hacer. Era evidente que un pez soberbio y grande tiraba
de la mosca y tenía miedo que la caña se partiera.
Boris fue rápidamente a auxiliarlo,
sujetando primero la caña y recogiendo después la línea sobrante para
poder trabajar con el reel. La lucha fue tenaz, el pez cabeceaba con
furor e incansablemente, pretendiendo escapar hacia la profundidad.
Los desplazamientos laterales eran cortos, sin corridas largas, pero
brutales.
También intentaba librarse del anzuelo
dando coletazos y formando borbollones que dibujaban círculos
concéntricos en el agua espejada. En la lucha estaba presente la
sensación siempre latente de un corte o
el desprendimiento de la mosca y la
curvatura de la caña oscilaba en el límite de ruptura.
Una vez controlada la tensión
de la línea, le pasó
la caña a Miguel para que disfrutara de la pelea, pero el temor a
perder la pieza o romper el equipo era más fuerte y pedía
inmediatamente el relevo. Fue evidente que el
equilibrio de los elementos utilizados y la fuerza del pez no lo
convencía.
Menos mal que Miguel
nunca tuvo la ocurrencia de cañar, movimiento demasiado brusco que
seguramente hubiera desprendido la mosca de la boca del pez y dejado
incierto la existencia del presente relato.
Boris sabía que los
primeros quince minutos son cruciales, que debía aflojar línea en cada
cabeceo o corrida y que no es conveniente forzar al pez en plena
potencia. Además, no olvidaba que el pequeñísimo anzuelo estaría
apenas asegurado.
Después de algunos intercambios
caña/pescador y media hora de lucha, el pez decidió entregarse. Miguel
bajó con cuidado el espacio que separa el paredón del agua
para esperar el momento justo y la tomó entre sus manos un instante antes de
expirar.

Una espléndida lisa y
una sorprendente captura. Foto Broni.
El júbilo se apoderó de los dos
pescadores, que se abrazaron con alegría, incrédulos todavía por la
suerte obtenida y lo inesperado del hecho. Según la balancita portátil
de Orvis la soberbia y potente lisa pesó 1,700 Kg.
Analizando el momento vivido, Boris
calculó que el pique se produjo a las 19 hs, que el ambiente estaba
apenas iluminado por el ocaso, sin el áurea solar y sin la gente, que
momentos antes curioseaba el movimiento
inusual de los mosqueros.
La mosca utilizada fue una soft hackle
nº 14, llamada brown hackle peacock. Anzuelo 3906, fibras rojas en la
cola, cuerpo con fibras de pavo real y un collar marrón. Según el
famoso pescador cordobés Daniel Valls, es una mosca "pedorra", tal vez
por lo fácil de hacer o por su sencillo diseño.

La brown hackle peacock
sedujo al pez y provocó el milagro del pique
Es la segunda vez que nuestro personaje
comprueba que la lisa toma moscas. Aparentemente, el horario más
favorable es antes del anochecer, sin olvidar la mezcla imprescindible
de constancia y suerte. Es el mejor cóctel para una captura memorable
y un recuerdo placentero.
Los tiempos modernos traen cambios y lo
que solía ser un festejo familiar no lo fue tanto. Al mostrarle a Amelia y Mariana
la hermosa pieza lograda con esfuerzo y artes
nobles, ambas soltaron al
unísono el mismo epíteto: ¡Pobrecita...!
Bronislao Mech
El artículo fue redactado en diciembre
de 2001
Para contactos con
el editor,
escriba a:
bronislaomech@pesca-fly.com.ar